"¡Definitivamente!", respondió Darwin.
¡Y así terminó la aventura de Gumball y Darwin en el barrio de Elmore!
La tienda de caramelos era famosa por sus deliciosos dulces y su loca dueña, la señora Simian. Al llegar, Gumball, Darwin y Tobias se encontraron con una cola de niños esperando para entrar en la tienda. La señora Simian, con su loca sonrisa, les dijo que tenían que esperar su turno.